A las 7 de la mañana me presenté en la estación, que no está
muy lejos del albergue Thomas Sankara,
pero hasta las 8:30 no salimos pues el Sept
Place (7 plazas) aquí es ocupado por 9 pasajeros y tarda un poco más en
llenarse.
La carretera de tierra y piedra que se dirige hacia Dindefelo y atraviesa los poblados Afia y Segou está en mal estado, es muy bacheada y polvorienta pero compensa con una hermosa
panorámica del paisaje de sabana y colinas, típico de la región del extremo nordeste del país. Tardamos casi dos horas en hacer los 35kms. que hay
hasta Dindefelo, un pequeño pueblo
habitado por unos 400 vecinos perteneciente mayoritariamente a la comunidad Peul (o fula, fulani), etnia de religión musulmana que
hasta nuestros días aún practican un modo de vida errante. Son el pueblo nómada más
grande del mundo (30 millones dispersos por toda África occidental), y uno de los primeros grupos africanos en
convertirse al Islam. Su economía
está basada en el ganado vacuno, es por ello que se encuentra un número considerable de
vacas a lo largo del recorrido. Es un enclave estratégico y fundamental en la región de Kedougou y todo Senegal Oriental.
El hermoso sistema montañoso que custodia Dindefello dio nombre a la aldea, que
en el dialecto peul significa
“al lado de la montaña”.
En Kedougou se encuentran al menos tres campamentos con varias chozas de adobe y tejado
cónico de rafia. El mejor conservado y cuidado es el Campament Villageois, que se sitúa más próximo a los
acantilados y la Cascada Dindefelo , seguido por el Campament Dogon du Fouta mas pequeño, algo menos cuidado y el Campament Afrikan Cascade (llamado
también Chez Camara), donde me quedé, mucho mas cutre, viejo, situado en el mismo pueblo y dirigido por Djibril Camara, un experto conocedor
del lugar. Todos cuestan
2.500cfa. la noche. La mía era una
choza de cama doble, con mosquitera, dos puertas con cortinas para una mejor
aireación del interior, compartimento sólo para ducha con cubos de agua, sin
electricidad porque el panel solar no da para mucho tiempo de funcionamiento por su escaso poder de carga y un jardín muy mal
cuidado. Al ser todo carretera de tierra y arena el entorno del pueblo está
completamente lleno de polvo, producido por el paso de algunos vehículos.
La comida la cobran todos los campamentos a 2.500cfa. y difiere en calidad de uno a otro -al menos la
mía era pobre y muy cutre-. La relación calidad-precio es pésima, pero se puede
tanto desayunar como cenar en los puestos de calle. Hay un restaurante al
lado, que tiene un comedor interior, que cobra los platos que han preparado
para el día, o encargándolo con horas de antelación, a 1.000cfa.. Principalmente se basa en arroz: arroz y verduras; arroz con carne (aunque escasea la carne y el pescado) y salsa de cacahuete o salsa de cebolla…, couscous de millo con verdura, o tortilla con cebolla. Los
desayunos son todos similares en los puestos: baguette de margarina, cacao, o mayonesa (sucedáneo), tortilla con cebolla, café, leche condensada o en polvo, o té (aprox. 500cfa). Los refrescos a 500cfa..
Algunas tiendas (boutiques) venden todo o necesario para subsistir.
Los Fulani, principales habitantes de esta zona, han
adoptado la mayoría de los hábitos alimenticios de sus vecinos Bediks y
Bassaris. Utilizan todos los granos cultivados en esta parte del país , tales como el
fonio, el arroz, el maíz y el cuscús de mijo (o Ngniri), que comen con salsa a base de maní, hojas y leche acompañada de carne. Al igual que en todas las comunidades Fulani de África, la
vaca es un animal muy respetado y necesario para su subsistencia.
Lo más comerciado fueron el couscous de millet (un pequeño grano muy común en la comida africana) al peso -aquí también se mide el peso a ojo con una pequeña lata vacía-, los zapatos de segunda mano, las zapatillas y las chanclas chinas y la ropa de segunda mano o nueva. Otros puestos tenían comidas o bebidas tradicionales (bisap), miel, calderos de aluminio y de plástico chino, jabones, aceite de carité. Dos puestos de carne de buey -llenos de moscas-, productos chinos diversos..., lo típico de los mercados de pueblos africanos.
El resto de la semana apenas se ve gente merodear por el pueblo, menos cuando los niños van o vienen de clase o los más jóvenes regresan de jugar al balón.Los días que he pasado aquí han sido para descansar de tanta carretera e incómodos taxis compartidos. Siempre intento elegir sentarme en el medio de los asientos ya que es la parte más alta de los vehículos.
La parte superior de la montaña es una vasta meseta ocupada por 5 pueblos : Sagaridié, Badiari, Afia II, Dandé y Diogoma, y 5 aldeas: Mboulaye, Mboundou, Doundouké, Noughéré y Nandoumari.
El contraste entre la llanura y la montaña aquí es sorprendente revelando a un paisaje fantástico, con acantilados, cascadas y cavidades talladas por el agua, dientes de más de 100mts. de altura, excepcionales cuevas y muchos emplazamientos-refugio que han dejado huellas en el paisaje.
Tras un pequeño descanso retrocedimos y continuamos la marcha pasando también por bosques bajos, pequeñas plantaciones de hibisco africano "de la bebida bisap", plantaciones de cachuetes y llegamos a unas enormes cavidades
esculpidas en la piedra que da forma a la famosa gruta de Dande (1.000cfa.), que dicen se originaron al extraer tierra que
serviría de pólvora al Rey de Guinea en el siglo XIX en su afán
por islamizar toda esta región del África
occidental. Pasamos luego por Dande, Afia II y algunos caseríos, todos éstos de chozas circulares de adobe o madera y enormes
tejados cónicos de rafia todos rodeados por hileras de estacas que los protege
de las miradas, para que estén controlados sus animales domésticos y de algunos animales salvajes, una pequeña mezquita muy
característica también de adobe, y terminamos en las conocidas cascadas. La más grande,
aprox. 90mts. de caída es la de Dindefelo,
seguida por la de Dande, con algo
menos. Pero la más bonita para bañarse es la de Afia por ser más profunda y en un paraje más llamativo y sugerente.
Durante varios días me bañé en la de Dindefelo. Hay que pagar 1.000cfa.
por su visita, en el campamento. Es un dinero que "dicen" se invierte
en la comunidad. El camino que lleva hacia la cascada es bastante llamativo,
pasando por varias concentraciones de enormes árboles y recargada vegetación y
la pueblan diferentes tipos de aves. La charca es pequeña ahora pues apenas
corre el agua por ser época seca, pero aún así los baños en la fresquísima agua
es el colofón del paseo. El agua cae entre lianas y árboles que cubren las paredes del risco sobre una poza. Al atardecer la temperatura baja al menos 10° ya que el
frescor del agua que cae enfría rápidamente el ambiente al no incidir
directamente el sol. Es un lugar idóneo para alejarse del calor del medio día. Toma
su fuente en las montañas del FoutaDjalon (Rep. de Guinea).
Como el transporte público en esta zona es muy escaso, y
entre pequeños poblados inexistente, el último día marchamos en moto, Ricard y yo hasta Iwol en el Pais Bedik (donde
viven unos pocos peules, bediks y basaris)
para subir al monte donde se encuentra Ibel,
el poblado bedik más antiguo de los siete que viven en la región de Kedougou, integrados enteramente por habitantes bediks.
Desde Didenfelo
hicimos muchos cortes de caminos por estrechos senderos que parecen no llevar a ninguna parte, atravesando diferentes bosques bajos y pasando por riachuelos que me hacían descender constantemente de la moto para poder atravesar las zonas húmedas y pedregosas ya que es imposible superarlo con dos personas sobre la moto. El
paisaje en sí es todo un espectáculo de la naturaleza, donde la densa
vegetación lo cubre todo de verde y van apareciendo, de vez en cuando, modestos
campos de cultivo de maíz, algodón, millo, cacahuetes, calabazas, y anchos baobads, acacias, bambúes y árboles de carité.
Me llamó mucho la atención ver en algunos árboles harapos de
colores colgados como si hubieran sido puestos allí a conciencia. Ricard me advirtió que procedían de personas fallecidas, y habían sido puesto allí por sus familiares cercanos. Cuando alguien fallece, su espíritu ronda por los alrededores y de esta manera es guiado para
que pueda encontrar, en el proceso de la reencarnación, el camino de vuelta a su tierra. Estábamos entrando en la zona más animista del país. Los
espíritus de los fallecidos son agasajados por los vivos en las ocasiones que se necesita pedir protección, ayuda, consejo o poder tener hijos, al ser estos los
intermediarios entre los vivos y los espíritus superiores.
Solamente el cristianismo ha podido introducirse en sus
vidas pero permitiéndoseles sus vínculos animistas.
Su marcada estructura social jerarquizada que está por encima de la familia, exalta la educación, la inteligencia y el saber
estar de los más pequeños de la comunidad y las diferentes etapas de desarrollo
personal a superar para convertirse en integrantes de ella de pleno
derecho, ocupándose los más ancianos de la enseñanza de los más jóvenes. También realzan su
arquitectura, su economía de subsistencia basada en el fonio, el millo, el
maíz y la recolección de frutos del bosque y sus espectaculares rituales
animistas, que conectan con la naturaleza y con el más allá, a través de los fetiches.
La casa sagrada donde llevan a los más jóvenes cuando
comienzan sus rituales de iniciación (con el paso de niño a la madurez), las diferentes
figuras y máscaras que son utilizadas para las ceremonias de baile y cantos convulsos -que pueden durar varias horas, entrando en trance bajo
la repetitivas voces y tam-tams-, en demanda a sus espíritus nocturnos de algunas necesidades concretas, y el enorme baobab sagrado (sus frutos sirven de sustento a la comunidad y como remedio preventivo a la malaria) de aprox. 700 años de antigüedad y más de 20mts. de diámetro –dicen que
es el más grande del país-, denota la fuerte espiritualidad de estos habitantes. Al otro lado, se encuentra el otro guardián de la aldea: una Ceiba, que, según la tradición bedik, contiene un demonio maligno que
no permite sentarse a su sombra.
Se la considera una etnia diferente, con distinta lengua usos y costumbres, incluso diferente religión. Cualquier habitante de la
zona habla varios idiomas según el pueblo que tenga al lado, conoce y respeta
las tradiciones y creencias de los vecinos.
Ya no usan ropa tradicional, tan sólo en contadas ocasiones
cuando hay algo importante que celebrar. Son agricultores de autoconsumo -principalmente millo y cacahuetes- y se dirigen a los mercados tradicionales a llevar sus
excedentes, donde los venden para luego comprar otros artículos imprescindibles.
Una enorme iglesia perteneciente a la
Misión católica, también redonda con techo
cónico, preside el poblado, aunque sus señas animistas aún no han sido
eliminadas.
Consumen algunos tubérculos como taro, ñame, yuca o batata.
La dieta tradicional basada en fonio, maíz, arroz, maní, son el apoyo de
platos como : Foyo (couscous de fonio), Dapa (plato a base de maíz y requesón), Domi (plato de millo o de maíz mezclado con polvo de la vainas de
neré)…
Concluida la visita, continuamos el recorrido por una polvorienta pista con preciosas vistas del continuo horizonte montañoso -esta parte del país es muy llana- y en ocasiones a ambos lados filas de mujeres con coloridos trajes portando en sus cabezas cestos cargados de frutas, verduras u otros artículos, o grupos de niños regresando de las escuelas.
Nos dirigíamos a Thiocoye (pronunciado "Chokoi"), un poblado peul, para “husmear” en su día de mercado, que aquí toca los martes como en Salemata (Bassari) -el miercoles en Thiabeyí (Peul), jueves en Fongo Lingí (Peul), el sábado en Mako (Peul), el domingo en Dinde (Peul) y en Didenfelo (Peul)-.
Nos dirigíamos a Thiocoye (pronunciado "Chokoi"), un poblado peul, para “husmear” en su día de mercado, que aquí toca los martes como en Salemata (Bassari) -el miercoles en Thiabeyí (Peul), jueves en Fongo Lingí (Peul), el sábado en Mako (Peul), el domingo en Dinde (Peul) y en Didenfelo (Peul)-.
Las carreteras por esta zona están en buen estado, son de
tierra, piedras o arena, y estos días le están dando repasos con tractores de
pala recta.
Poco más hicimos este día. La vuelta fue más rápida por ser
en moto. Ahora me encuentro nuevamente en Kedougou,
a la espera de hacer noche y poder trasladarme mañana camino del sur,
en busca de más sorpresas en este viaje.