17 de diciembre de 2013

El Bajo Cassamance

En Oussouye me quedé en el Campament Emanaye, un complejo de varias habitaciones con camas dobles o sencillas, mosquiteras, baño interior, mesa, silla y electricidad todo el día (4.500cfa). Un gran comedor-salón preside las vistas sobre una gran planicie donde trabajan los agricultores de la zona.
La comida que hacen no destaca nada, ni por calidad ni por la cantidad. Cuesta 3.000cfa. el plato, caro para lo que sirven. A pocos metros, en la calle principal, hay varios restaurantes que cocinan prácticamente lo mismo por 1.500cfa.. Uno de ellos es el restaurante Buweten, antes de llegar al albergue, donde cené en varias ocasiones. 
Al lado de se encuentra el Casamance VTT, una agencia donde alquilan bicicletas de montañas en buen estado (7.500cfa/día o 6.500cfa. dos o más días), hacen rutas de senderos de uno a varios días, canoa, kayak, o visitas guiadas en coche a varios pueblos.
Dos de los días los pasé pedaleando esta zona que se caracteriza por tener buenas vistas debido a su espesa vegetación, palmerales, bambúes, grandes plantaciones de arroz, de cacahuetes, y poblados rurales muy interesantes.
La primera incursión la hice parando primeramente en M'lomp donde destaca su interesante museo de las tradiciones diolas, bajo dos enormes Kapot de más de 400 años. Conocidos también como Ceiba, Fromager en francés o Silk-cotton tree en inglés, es un hermoso árbol, pariente lejano del baobab, que crece con abundancia en los trópicos, tanto en África, como en Asia y América. Las ceibas más antiguas y majestuosas de Senegal son consideradas como sagradas por los habitantes de los poblados cercanos, según viejas tradiciones de carácter animista y de culto a la naturaleza. Igualmente lo era para los Mayas.
También hay varias casas construidas en banco (barro y hierba) de dos plantas, únicas en esta parte del oeste de África. Una de ellas se puede visitar.
Luego, continué pedaleando hasta Elinkine para hacer una visita a su importante comunidad de pescadores, venidos de muchísimos lugares del oeste de África en estos últimos años. Varadas en la playa o a poca distancia de la orilla multitud de coloridas canoas dan un aspecto atractivo a su costa. Diariamente traen a la costa con sus embarcaciones gran cantidad de pescado que luego venden por algunos pueblos cercanos. Sus habitantes viven esencialmente de la pesca y durante todo el año se puede ver a las mujeres secando el pescado tanto en la orilla como en las mesas de secado. La gran explanada del secado de pescado está llena de tableros de maderos donde son depositados al sol. El olor mezclado con el calor hace que el lugar no sea de “agradable” inspección. Con ayudas internacionales han construido un enorme almacén congelador y el edificio de su cofradía.
Cada año capturan unas 9.000 toneladas de pescado -la mitad de la pesca de todo el Bajo Casamance-, para el procesamiento tradicional. Tristemente aquí la pesca de tiburones está siendo devastadora pues su comercio no está regulado y están desapareciendo rápidamente. Los escualos son muy codiciados por los ghaneses y nigerianos porque sus aletas se venden a precios exorbitantes en el mercado asiático.
Intenté comer un pescado en alguno de los restaurantes locales pero ninguno tenía (?). Solamente había barras de pan, mantequilla, mayonesa (sucedáneo) o pasta de pescado de lata en los bares locales y en los puestos de las aceras, y café Touba.(café aromatizado y granos de Selim o pimienta de Guinea) Sorprendidísimo me quedé. Será así, digo yo!.
En frente, se encuentra la isla Karabane, mi siguiente destino. Salen diariamente dos embarcaciones, a las 3 y 4 de la tarde -si hay pasajeros-, y regresa al siguiente día a las 11 de la mañana. Aunque se puede pagar por la embarcación completa para hacer el trayecto en caso de no llegar a tiempo.
La vuelta la hice por la carretera de tierra que pasa por el poblado Loude Wolof, con unas vistas también bellas de los diferentes arrozales, que ahora es tiempo de recogida, e igualmente de la cantidad de lagunas, árboles y vegetación local. También se pueden observar muchísimas aves ya que el Parque Nacional de Casamance está a pocos kilómetros de distancia. Más de 200 especies diferentes habitan en su interior, incluyendo las migratorias. Se puede llegar a través de una carretera de tierra.
Casamance tiene más de 800.000 habitantes, una superficie de 29.000 km2. Su principales plantaciones son sembrados de arroz, con unas 40.000 hectáreas -más de la mitad de la tierra cultivada en el Bajo Casamance-,  seguido por el millo, el maní, el maíz, el sorgo y las alubias. La región también produce una gran cantidad de frutas como el mango, mandarinas, pomelos, bananas ... El río y su densa red fluvial, el clima templado, las abundantes lluvias y los suelos fértiles hacen que sea llamado “el granero de Senegal.
Los hombres construyen o mantienen las casas, recogen las plantaciones, el vino de palma (Bunuk) y las mujeres realizan la jardinería, la recolección de sal, las ostras del manglar, los mariscos, la transformación del pescado y la preparación de aceite de palma.
El río que le dio su nombre riega la región y sus numerosos manglares son ricos en recursos pesqueros ofreciendo un enorme potencial para la pesca tanto marina, de laguna y de río: atún, pez espada, marlin, barracuda, mero (thiof), sardina (yabooy)), salmonete, lenguado, petoo wahoo, carpa roja, capitan blanco, gris, negro, pez gato...
Otro día pedaleé hasta Diakene Wolof un pueblo de agricultores de cacahuetes y arroz, y algunos pocos pescadores. Quería visitar y almorzar en la isla Egueye, en el Campament que hay allí instalado, pero el propietario, Abdunllai, no se encontraba en ese momento. No tenía en ese momento turistas hospedándose, y no me pudo atender. Aunque si se quiere pasear por los manglares de los alrededores, siempre hay alguien que puede sacar su embarcación, previo pago de una tarifa a acordar.
Mientras descansaba a la sombra sentado en un taburete tradicional africano (dos maderos atravesados en forma de X) en casa de su familia me invitaron a compartir el almuerzo con ellos en un gran plato metálico donde todos comen juntos, con cucharas y con las manos -al igual que el día anterior me sucedió en Elinkine días atrás-. Ni que decir que esta gente es cordial y muy sociable. Cuando es la hora de comer todos los conocidos que se encuentran cerca también son invitados.
La vuelta fue algo más cansina pues tenía las piernas y el culo destrozados después de tantos kilómetros en dos días. Otra cerveza me esperaba en la taberna Chez Papi, mientras observaba a la gente moverse por el pueblo de un lado a otro. Casi todos son muy deportistas, y si no están corriendo, juegan al Volley o a la pelota.
Esta última noche cené en el albergue, previamente avisando lo que quería comer: Pescado Yassa y arroz.
En Oussouye hay varios bares locales que sirven refrescos (300cfa.), cervezas 600cl. (desde 600cfa.), licor local de palma y se puede comer desde 1.000cfa. Tiene un mercado pequeño muy activo, pero es al atardecer cuando traen la pesca el momento que más movimiento de gente se puede observar. Las tiendas, como en todos los lados, venden pan, lateríos, bebidas, y cualquier cosa necesaria para cocinar.
La parada o gare Routiere de taxis y de Ndiayes es igualmente muy movido, debido principalmente a cantidad de gente que espera la salida por ser cruce de las carreteras que van a diferentes lugares.
Para la población joola (o diola), que supera el 80%, esta ciudad es de gran importancia por ser el hogar de un rey animista que a menudo buscan para pedirle consejos. Aquí conviven con gentes llegadas de otras partes del país. Los no-joolas más antiguos llegaron a la región a lo largo del s.XIX y habitan en Loudia Wolof y Diakène Wolof. Otros, como los peúles de Guinea Conakry vinieron en el s.XX atraídos por el comercio y viven en ciertos barrios, manteniendo cada uno su propia cultura y modelo de sociedad.